Rutas de Lepanto (3) Los tesoros de Croacia

trofeos_lepanto_croacia
El Dragón ZVIR, de la galera S.Jerome y el Gallo Turco de Trogir, Croacia

La participación de la actual Croacia en la Batalla de Lepanto se concentra en dos ciudades: La isla de Hvar y el puerto de Trogir. La isla de Hvar (en dialecto chakavo: Hvor o For, en italiano, Lesina, en griego: Pharos, en latín, Pharina) era veneciana y su capital fue destruida por la armada Otomana en el verano de 1571. Es una isla situada en el Mar Adriático,  frente a la recortada costa de Croacia, en la región de Dalmacia central.

Trogir (en italiano y dálmata Traù, en latín Tragurium, en griego Tragurion, en húngaro Trau) es un puerto y ciudad histórica en la costa del mar Adriático, en la región de Split-Dalmacia, Croacia, la ciudad está construida entre la isla de Ciovo y el continente.

Ambas ciudades conservan un tesoro único y maravilloso, el último vestigio viviente de las galeras a remos que lucharon en Lepanto. Sus tesoros son la única prueba material de una galera de la flota cristiana y turca que se ha conservado hasta nuestros días.

mapa

La isla de Hvar:

El Arsenal de la ciudad, uno de los mejores conservados en el Mediterráneo, construido a mediados del siglo XVI en el lugar donde ya estaba el antiguo del siglo XIV, sirvió como un astillero y de almacenamiento de vituallas, de galeras y de otros buques. Fue dañado en el primer ataque de los turcos en 1571, pero conserva una reliquia impresionante: La escultura del espolón de una de las galeras croatas al servicio de la flota veneciana, el llamado ZVIR (La Bestia) un hermoso Dragón que estuvo en la proa de la galera San Jerónimo de Venecia (St. Jerome, Sv. Jerolim, Jeromin) capitaneada por el dálmata Ivan Balcija (Balzi) y que se conserva intacto. Se exhibe actualmente en el Museo sobre el Arsenal de la misma ciudad y podemos afirmar que es, junto a la siguiente reliquia, las dos únicas esculturas de espolones de galeras que lucharon en Lepanto conservadas en todo el mundo.

zvir1zvir2

Puerto de Trogir:

En el Palacio Cipikova de Trogir, se guarda un trofeo muy bien conservado de Lepanto, obtenido de una galera Turca que combatió contra el ala izquierda cristiana. Es otra figura o escultura de espolón, muy usada en las galeras, donde antaño también se usaba para asustar al enemigo, a la entrada de un puerto por ejemplo. En la lucha fue capturada la figura decorativa de un enorme gallo, adorno de proa de galera turca. Trogir conserva este tesoro como trofeo de guerra obtenido por uno de los jefes del Palacio, Luje Čipika, que en 1571 participó en la famosa batalla de Lepanto. Este gallo exhibido en el atrio del palacio Ćipiko está colocado donde una vez estuvo la escultura de una mujer,la de la galera La Donna (esposa) de Ludovico Cippico (Ludoviku Cipiku) que se perdió en la batalla y que es sustituida por este Gallo turco. 

gallo_trogirgallo_trogir2gallo_trogir3

Las Galeras venecianas de Croacia/Dalmacia que lucharon en Lepanto fueron 6:

  1. Isla Cres : Galera San Nicolás (Nikola) comandante Colan Drascio
  2. Isla de Krk: Galera Cristo resucitado, comandante Lodovico Cicuta
  3. Rab: Galera San Juan, comandante Juan Dominis (Ivan Dominis)
  4. La ciudad de Sibenik: Galera San Jorge (Sv.Juraj) comandante Cristóbal Lucic (Kristofor Lučić)
  5. Ciudad de Trogir: Galera La Donna (mujer), comandante Ludovico (Lujo) Cippico
  6. Isla de Hvar: Galera S. Jerome (San Jerónimo) comandante Iván Balzi (Dragón Zvir)

Tres galeras más, El León de Koper y la San Trifón de Kotor  (otra de la ciudad de Zadar se quedó en Corfú y no luchó) tuvieron también cierto protagonismo.

Además, varios buques de Dubrovnik estuvieron en la batalla como barcos de auxilio, de transporte de soldados y armamento.

BREVE HISTORIA:

El ala izquierda cristiana dirigida por Agostino Barbarigo choca con la derecha turca bajo el mando del renegado Mehmed Sirocco. Los Turcos tienen inicialmente una ventaja porque la lucha se llevó a cabo a lo largo de la costa, pero la artillería cristiana logra hundir la galera capitana. Esto desmoralizó completamente a los turcos, y así los cristianos destruyeron por completo esta ala de la flota turca. En la batalla fue muerto Agostino Barbarigo de un flechazo en el ojo, tras un descuido al quitarse la celada. En este ala lucharon las galeras de Cres y Krk. Los soldados de Cres se distinguieron en la batalla. Antes de la batalla, estas galeras fueron las encargadas de remolcar las pesadas Galeazas hasta su posición. Durante la batalla capturaron una galera turca. El capitán del barco fue tres veces herido en la batalla, pero logró sobrevivir.

El centro o batalla, los historiadores croatas afirman que en este centro habían 12 hombres de la población local de la bahía de Kotor, que eran los guardianes de la gran bandera de la Estrella, y cómo de la lucha tan feroz, queda el hecho de que ocho de ellos murieron y otros cuatro resultaron heridos.

En esta ala lucharon Koparska y la galera San Jerome (del Dragón de Hvar). Los dos galeras fueron capturadas por un barco turco, pero el adorno de proa  aún se conserva en el teatro de Hvar. En Koper han defendido que  durante mucho tiempo algunas galeras turcas estuvieron ancladas como trofeo de guerra, pero mucho más tarde se hundieron debido a la falta de mantenimiento.

En el ala derecha cristiana, comandada por Gian Andrea Doria, cuyo abuelo fue el primer almirante de la Santa Liga, derrotado por la marina turca en 1538 en la Prevesa, cerca de Santa Maura. Se opuso al astuto pirata de Túnez Uluch-Alí. Se las arregló para colarse en el espacio dejado en su maniobra y atacó el centro de la flota cristiana. En esa ocasión, las galeras La Donna de Trogir y Kotor resultaron hundidas, pero a cambio lograron hacerse con la galera del Gallo turco que se llevaron como trofeo. La escuadra de socorro trata de asistirle, dirigida por Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, a cuya escuadra se juntó la galera de Sibenik.

Además de la Batalla de Lepanto, que ocupa un papel particularmente importante en la historia de los croatas, especialmente en Dalmacia, que estaba entonces bajo la ocupación veneciana, los registros oficiales apuntan que hay una participación estimada de los croatas en más de 10.000 a partir de esta batalla. Los Turcos solían embarcar albaneses y croatas en sus invasiones y saqueos. Muchos croatas y albaneses murieron aquel 7 de octubre de 1571.

Juan Cairos 2016

La caja de Don Juan de Austria

d364258539b9ac184c30876991362dc3

 

A bordo de su palacio flotante, en la popa de la galera «La Real» camino de Lepanto, tenía Don Juan de Austria una caja junto al estanterol donde guardaba varios de sus enseres personales. Entre ellos, una cruz de ébano con un cristo de bronce que conservaba desde el incendio de su casa en 1561, cuando su «padre adoptivo» Luis de Quijada, le salvó de perecer entre las llamas sacándolo en brazos. Tiempo después, y una vez sofocado el incendio, volvieron, y entre las ruinas encontraron este crucifijo que estaba colocado sobre la cama de Don Juan y que milagrosamente escapó del fuego. Don Juan siempre lo llevaba consigo y más en la jornada de Lepanto. Su principal devoción mariana fue la catalana Virgen de Montserrat, a la cual se encomendó antes de partir hacia Génova en agosto de 1571. También declaró su deseo de ser enterrado en aquel convento caso de que no fuera posible en El Escorial.

Entre sus pertenencias contaba con un «Bestiario» o libro de animales reales y fabulosos, irreales, que le habían dedicado a su persona en 1568, cuando fue nombrado Capitán General de la Mar. Este «Bestiario de Don Juan de Austria», una obra lujosamente ilustrada está atribuida a Martín Villaverde.

Él sería el autor del texto y también el amanuense que escribió y realizó los numerosos dibujos que lo adornan. La obra fue concebida y realizada para ser leída por D. Juan de Austria. Martín Villaverde se la dedica con estas palabras: “Tracé estas líneas para que Vra. Excellencia con pasallas y mirallas descanse un rato de los muchos que en la guerra a trabajado”.

Actualmente este manuscrito se conserva en el Monasterio de Santa María de la Vid, en Burgos.

0204

 

Juan Cairos 2016

La Historia de Juan Latino: El poeta, hijo de esclavos negros

invent_1427

Fueron muchos los que escribieron poemas heroicos y épicos sobre la Batalla Naval de Lepanto. No me extenderé en nombrarlos a todos, pero por lo curioso e interesante de uno en particular, me veo forzado inevitablemente a contarlo.

Se trata del poema «Austriadis Carmen», escrito en versos latinos, es decir, en un arduo latín humanístico, por Juan Latino ó Juan de Sessa, un poeta hijo de esclavos negros de Etiopía, catedrático de Humanidades de Granada. Un libro muy raro y relativamente famoso por ser LA MÁS ANTIGUA OBRA LITERARIA IMPRESA de un individuo negro, hijo de esclavos que pertenecieron a Luis Fernández de Córdoba. Juan Latino sin embargo pertenecía al Duque de Sessa, nombre conocido en el episodio de Lepanto. Gracias a esta obra dedicada a la Batalla de Lepanto, impresa sólo un año después de la contienda, alcanzó la libertad, un matrimonio distinguido y hasta una posición bastante honrosa.

Se le detecta una clara influencia del poeta clásico Virgilio y su retórica es bastante buena.

Los estudiosos Juan Naveros Sánchez y Maria Eugenia Santos lo recogen así en su estudio:

Juan Latino, cristiano etíope, traído desde Etiopía cuando era niño, esclavo del Excelentísimo e Invencible Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sessa, nieto de Gonzalo el Gran Capitán de las Españas, alimentado por éste, educado e instruido a su lado en las artes liberales y, finalmente, obsequiado con la libertad, recibió en Granada para regirla, del Ilustrísimo y Reverendísimo Pedro Guerrero, Arzobispo de Granada, muy sabio sin duda alguna, la Cátedra de Gramática y de Lengua Latina de la Santa Iglesia de Granada, que rigió felizmente durante veinte años: en el reino del Católico Rey de las Españas escribió estos epitafios con motivo del traslado de los cuerpos reales, para honor y gloria de Dios omnipotente y de su madre la Santísima Virgen María. En Granada, en el año cincuenta y ocho de su vida.

   El término etíope en el siglo XVI no se refería a la actual región de Abisinia, pues no se conocía como tal, sino, genéricamente, al continente africano. Por tanto, quiere decir que nació en África, de padres traídos como esclavos a Sevilla u otro puerto, donde sería posteriormente vendido a algún convento que, tras una breve instrucción, lo revendería al Duque de Sessa, según costumbre al uso en la época.

Un soneto del dramaturgo sevillano Diego Ximénez de Enciso (Sevilla, 1585 – 1633) lo describe así:

Hijo de esclavo soy, nací en Baena,

Donde las letras aprendí primero;

Crecí siguiendo el centro verdadero

Premio que a la virtud el cielo ordena.

No me ha estorbado mi amorosa pena,

Que sea de Granada Racionero,

Orfeo, Marte, Cicerón, Homero,

En voz, en armas, en Latín, en vena.

Catedrático fui, Griego excelente,

Y en fin varón insigne, pues que llego

A ser deste lugar Colector digno.

Y como le llamó por eminente

La antigua Roma a su adriano, el Griego,

La noble España, me llamó el Latino.

A continuación extraemos unos versos de su obra, como éste, que forma parte de la arenga de Don Juan de Austria:

Audere est opus in Turcas, fert caetera Christus:

(Diximus et repetens iterum per cuncta monebo:)

Spiritus arma habit Sanctus, mortalia uincet,

principium pugnae cum Christo in proelia curro,

per Christum nostris ueniet uictoria laeta.

Quare agite, et primi Martem committite mecum,

uincimus, En Christus pro nobis astat in armis.

Catholicus Christi repetebat nomen amicis

Austriades, nostros uictores saepe uocabat,

magnanimus Turcas perituros nomine tanto

dictabat prudens ductor, uentura canendo.

(“Hay que ser valientes contra los turcos, Cristo hace lo demás (lo he dicho ya y repitiéndolo de nuevo lo advertiré de una vez por todas) el Espíritu Santo proporcionará los recursos, superará las mortales empresas, yo, principio de la lucha, voy corriendo con Cristo al combate, por Cristo vendrá la feliz victoria a los nuestros; por esto, ea, entablad batalla los primeros conmigo; vamos a vencer, he aquí que Cristo está en armas a nuestro favor”).

Y este otro, de una belleza y técnica increíbles:

Nº 4: Arrodillado, Don Juan dirige la siguiente oración a Cristo (Austriada: I, vv. 632-640):

Da pater infandas Turcarum perdere naues,

uincamus Turcas uirtute, atque omine uero,

nomine nanque tuo pugnat Hispania sancto:

cui genua et flectunt Orcus, Barathrumque profundum,

terrarumque globus, parent cui sydera caeli.

Hoc uincat miles, quem crux tua uera per altum

deduxit fretum fuso tibi sanguine, Parthos

fundat nostra manus, Turcas Hispania uictrix

arma, uiros, rapiatque duces, referatque triumphum.       

(Padre, concédenos destruir las nefastas naves de los turcos, que los venzamos con nuestro valor y con presagio cierto, pues España lucha en tu santo nombre, ante el que se inclinan el Orco, el infierno profundo y el orbe de la tierra, a quien obedecen las estrellas del cielo. Con él venza el soldado que, confiando en ti por tu sangre derramada, fue conducido en el ancho mar por tu cruz verdadera; que nuestra armada destruya a los partos, que España vencedora arrebate a los turcos armas, soldados, generales y celebre el triunfo)

Una mujer española en Lepanto: «María La Bailadora»

 

maria_la_bailaora_susana_cordoba_1
María «La Bailadora», soldado de Lepanto

De todas las relaciones de la batalla de Lepanto, tanto italianas como españolas, sólo la preciosa relación del soldado Marco Antonio Arroyo, testigo presencial de la batalla, y publicada en 1576 en Milán (entonces perteneciente al Reino de España) con el título de «Relación del Progresso de la Armada de la Santa Liga» cita brevemente el episodio de una mujer española ataviada como soldado y que se coló en la armada, conocida como Maria La Bailadora. Tratándose de un documento serio,de una crónica exactísima de la famosa batalla naval, merece la pena publicarlo.

Creemos, pues así lo determinó Don Juan de Austria en los preparativos de la Liga Santa, que las relaciones españolas y poemas heroicos (Cabrera de Córdova, Fernando de Herrera, Torres y Aguilera, Juan Rufo, etc.) obviaron ésta anécdota por la expresa prohibición del Generalísimo Don Juan de Austria de «embarcar mujeres y gente inútil», pero que sí la recogió este soldado en su, insisto, preciosa y sentida relación.

Así lo relata:

«Pero mujer española hubo, que fué Maria, llamada la Bailadora, que desnudándose del hábito y natural temor femenino, peleó con un arcabuz con tanto esfuerzo y destreza, que á muchos turcos costó la vida, y venida á afrontarse con uno de ellos , lo mató á cuchilladas. Por lo cual, ultra que D. Juan le hizo particularmente merced , le concedió que de allí adelante tuviese plaza entre los soldados, como la tuvo en el tercio de D. Lope de Figueroa.»

Importancia tuvo para que Marco Antonio Arroyo le dedicara unas líneas en su colección de anécdotas de su libro, pero la misoginia de la época, unido a la tajante prohibición de Don Juan como ya vimos, obligó seguramente a muchos cronistas a obviarlo. El hálito romántico de esta mujer y su innegable valor quedó así inmortalizado, rindiéndole tributo eterno como bien merecían todos los que dieron su vida en tan sangriento oprobio de la humanidad.

Por el bando contrario, y según testigos, entre ellos Arroyo, en las galeras otomanas sí que habían mujeres y hasta niños el día de la contienda, raptados en sus incursiones por la Morea, Albania (Corfú), Negroponto, etc., algo común para los corsarios berberiscos y otomanos, pues estaban en plena campaña. Finalmente formaron parte de los 15.000 esclavos cristianos liberados aquel día.

«María La Bailadora» es, se puede decir, la única mujer española que combatió en Lepanto aquel 7 de octubre de 1571, haciéndolo quizás por amor, el que le profesaba a un soldado de los Tercios. Nunca lo sabremos…Pero sí podemos afirmar que la historia siempre nos sorprende, y aunque no disponemos de una verdad absoluta, sí nos atrevemos a darle un merecido protagonismo a la mujer, cualquiera que sea su condición, en muchísimos acontecimientos históricos, y que por las razones que ya sabemos, han sido ninguneados por los que rubricaron la historia.

 

Juan Cairos 2016

La mona de Don Juan de Austria en Lepanto

12901150_857242194401350_2840135347466327675_o

En la imagen: don Juan de Austria tal y como iba ataviado en la Batalla de Lepanto, con coselete entero y celada, junto a su mona (Reconstrucción de Juan Cairos)

La batalla en sí fue tan importante que muchos cronistas obviaron las anécdotas, pero no pasaron por alto para Jerónimo de Torres Aguilera, para un soldado de los Tercios y para uno de los biógrafos de don Juan de Austria, Lorenzo Van der Hammen,que lo tomaría de Torres Aguilera con algunos sutiles cambios. En su libro recoge el episodio de una pequeña mona tití de orejas blancas del Amazonas que don Juan de Austria llevaba en su galera Real. Este tipo de monos era muy común entre la realeza y nobleza de las cortes europeas pues eran traídos de América (Las Indias) para deleite de los cortesanos.

Van der Hammen cuenta, a propósito de esta monilla, un episodio muy curioso de la batalla de Lepanto. «Vagaba este animalejo por la cubierta de la real durante la batalla, sin que pareciese sorprenderle ni asustarle el fragor de ella. De repente vino a clavarse una flecha en la caja que encerraba el Cristo de los moriscos, mandado colgar del estanterol por don Juan de Austria. Irritadísima entonces la mona, trepó al estanterol arriba como pudo, y arrancó con las manos y la boca la flecha; hízola pedazos con gran furia, y desapareció, con gran asombro de todos, una vez terminada su hazaña«. [Don Juan de Austria, fol. 179 v.]

Jerónimo de Torres Aguilera lo describe así en su relación de la batalla, en el libro de 1578-79: Chronica y recopilacion de varios successos de guerra que ha acontescido in Italia y partes de Levante y Berberia (1570 – 1574) página 75.

«Aquel bendito estandarte de la Liga donde estaba pintado el crucifijo, nunca en el mismo Cristo tocó arcabuzazo ni flecha, ni otra ninguna arma, siendo tantas las flechas, que los árboles,entenas,jarcias,popas y estanteroles estaban llenos dellas,tanto que se tocaban las unas con las otras, y todos los demás estandartes y banderas fueron tan flechados y arcabuzados  que no quedó ninguno sano;y habiendo llegado dos flechas al estandarte real, una a la parte del crucifijo y otra a la otra, luego corrió una monilla, que en la galera de Su Alteza iba, y las arrancó, y mordiéndolas las arrojó dentro de la popa y a la mar»

Respecto al soldado anónimo de los Tercios españoles, su testimonio se recogió en el libro «Memoria del cautivo de la goleta de Túnez»

«En la galera Real nuestra, estando peleando con la Real de los enemigos,vinieron a dar dos flechas en el estandarte de nuestra señora y se hincaron  en él y estuvieron hasta que se subió una mona que allí traía el Sr.Don Juan, que las quitó y las hizo pedazos y las echó en la mar.Estaba este estandarte encima del jarcés.

1573-c-micaen-titi
Catalina Micaela de Austria, hija de Felipe II y su esposa Isabel de Valois con un títí igual al de Don Juan. Retrato de Sofonisba Anguissola de 1573.
pieter_bruegel_d-_a-_095
Escribir una leyenda

Pieter Bruegel el Viejo, “Dos monos encadenados”, 1562, óleo.

Juan Cairos,2016.

Rutas de Lepanto (Grecia) (y 2)

santa_maura_castle
Lefkada o Santa Maura, último vestigio junto a Nafpaktos de la Batalla de Lepanto

SANTA MAURA – LEFKADA

La isla de Lefkada o Léucade (Leucadia en otro tiempo) fue llamada en tiempos de la batalla de Lepanto, Santa Maura. Pertenece al grupo de las Cefalonias dentro del archipiélago de las Jónicas. Durante el periodo de la Liga formada por venecianos, españoles, pontificios y genoveses bajo el reinado de Carlos V Emperador tuvo lugar muy cerca de la isla, en Prevesa (Préveza) la derrota con el mismo nombre que le infligió a los cristianos la flota otomana al mando de Barbarrossa, bajo el sultanato del gran Suleiman el Magnífico.

Ya en el episodio de Lepanto, Santa Maura adquiere protagonismo una vez acabada la batalla, pues la coalición no se decidía aún cual era el siguiente objetivo. Don Juan quería hacerse con el castillo de Lepanto, y Veniero recuperar el castillo de Santa Maura. Tales eran los intereses particulares de cada bando.En un principio los venecianos aconsejaron  la expedición a las costas de la Morea o emprender un ataque de recuperación de la sublevada costa albanesa. Pero finalmente determinaron recuperar la fortaleza de Santa Maura, que había caído en manos otomanas, y cuya reconquista se presentaba rápida y segura. Salió pues toda la armada de Petalas el día 11, pero una tempestad les retrasó un día la llegada prevista. Envió Don Juan a Doria y a Ascanio de la Corna a que reconociesen la fortaleza y les pidió un informe de la situación. Los arcabuceros españoles y sicilianos, después de mucho trabajo, por ser aquella tierra muy pantanosa, determinaron que para recuperar el castillo de Santa Maura se necesitarían al menos 15 días.No sólo por la de trincheras que debían hacer, sino porque ya los ocupadores sabían de su llegada. Pospuesto el plan de Santa Maura, estando en la isla el día 14, domingo, se montó una tienda y celebró la misa de la semana por la victoria de Lepanto, con solemne misa, sermón, música y salvas de artillería. Pasados los días, Don Juan determinó volver a Corfú y de allí pasar a Italia, para estar cerca de Sicilia y Venecia, con el propósito de que llegada la hora se separase la armada, y así poner fin a la jornada de 1571. Pero antes, y aprovechando su estancia en esta isla, se reunieron los coaligados para hacer el reparto de galeras enemigas, trofeos, esclavos, etc. El 21 de octubre volvieron a salir y el 22 llegaron a las cercanías de Corfú. El 24, según lo acordado, comenzaron a dividirse las escuadras. El 28 despidió a los venecianos y marcó rumbo a Messina para entrar triunfante el 1 de noviembre.

Άγιας Μαύρα - Santa Maura - Σάντα Μάουρα
Antiguas ruinas de la ciudad y fortaleza medieval de Santa Maura

El edificio original del castillo de Agia Mavra fue construido en 1300 por el siciliano Ioannis Orsini con el objetivo principal de proteger la nueva capital de la isla, que fue transferido en Lefkada de la ciudad de Kaligoni, y para defender la isla de los piratas y otros enemigos. El castillo ha sido objeto de renovación total y quedó muy bien conservado. En sus mejores días, el interior de este magnífico castillo estaba compuesto de cuadrados, cisternas y edificios administrativos.Según la historia, los caballeros francos que conquistaron la isla de Lefkada en 1294, le pusieron el nombre del castillo en memoria eterna del país de origen Agia Mavra (Sainte Maure). Durante un período de tiempo, toda la isla de Lefkada fue llamada y conocida como el castillo de Agia Mavra. En el siglo 16, los venecianos se hicieron cargo de la custodia de la isla.

Άγιας Μαύρα - Santa Maura - Σάντα Μάουρα
Muralla veneciana Agia Mavra, Santa Maura, Lefkada

En el hermoso castillo medieval de Agia Mavra se puede ver la iglesia de Agia Mavra. Según la tradición, la iglesia fue construida en el siglo XV por Helen Palaiologina, que construyó esta iglesia en honor de Agia Mavra, que la protegió una vez de la tormenta. Ella llegó a la isla para la boda de su hija con el conde de Lefkada. Después de que los turcos ocuparon Lefkada, esta iglesia se convirtió en una mezquita. Hoy en día se puede ver las ruinas de la construcción del puente, construido por los turcos, que conecta el castillo con la ciudad. A lo largo del siglo XVI los venecianos restauraron el castillo. Fue ocupado una y otra vez por los turcos en el verano de 1571. Finalmente fue recuperada en la jornada de 1572.

agia-mavra-castle-lefkada-p01

De toda la Ruta de Lepanto, en la parte que concierne a Grecia, de lo que aún queda en pie y está como estaba en 1571, son Lefkada y Nafpaktos los lugares que más historia conservan.

NAFPAKTOS (ver entrada)

nafpaktosnafpaktos2

NAFPAKTOS

Juan Cairos, 2016

Rutas de Lepanto (Grecia) (1)

oxia
La isla de Oxia (Oxeia y el Golfo de Patras)

El 7 de octubre se cumplieron 445 años de la  Batalla Naval más famosa de todos los tiempos. El escenario tuvo lugar en las aguas del Golfo de Patras, en su parte más occidental, justo a la entrada del mismo.Un recinto que abarca desde la cara oriental de la isla de Oxia (Oxeia), la más grande del sur del archipiélago de las Equínadas (Isole Echinadi) o islas Curzolares (Curzolari, como se las conocía entonces), hasta extenderse hacia el sur en mar abierto. Por el norte sobresalía la Punta Scropha, que desde la perspectiva otomana tapaba la visibilidad de la flota cristiana, que aún maniobraba por aquella zona cuando se avistaron mutuamente. Después de cuatro siglos y medio, muchos de los escollos o pequeños islotes de las Equínadas han sido engullidos por el continente. En un certificado de Don Juan de Austria fechado el 15 de noviembre de 1571, dice con total precisión que el enfrentamiento tuvo lugar «entre el Golfo de Lepanto y las islas Cuchulares» *(1)

En lo que respecta a la Rutas de Lepanto, haremos un breve recorrido por las diferentes islas que visitó la Armada de la Santa Liga en su búsqueda de la flota Otomana para presentarle batalla, y que va desde el mes septiembre hasta octubre de 1571. La magia ancestral de Grecia y sus aguas, en un Mediterráneo que antes del descubrimiento de América fue el mar más importante de la vieja Europa, vuelve a resurgir. Empezamos…

CORFÚ

Antes de la llegada de la Armada de la Liga Santa, la isla de Corfú, la segunda más grande de las Jónicas, plagada de batallas y conquistas, fue saqueada por los Turcos a mediados del mes de septiembre. Isla veneciana, casi inexpugnable, era posiblemente la isla que más interesaba a los Otomanos de todo el litoral occidental griego. De Corfú había partido Sebastiano Venier el 23 de julio hacia la reunión de Messina, con 48 galeras y sus 6 galeazas. La Armada al mando de Don Juan de Austria llegó el 26 de septiembre, que se enteró del saqueo turco dos semanas antes. Esa misma noche del 26, un corsario espía de la flota Otomana llamado Kara Djaly, camuflado en una embarcación ligera, hizo un recuento de las galeras cristianas, errando una vez más como ya pasara en Messina con Kara Khodja (Caracush) el 1 de septiembre, pues en su recuento faltaron las escuadras de Álvaro de Bazán y Andrea Doria que sumaban 41 más y que no llegarían hasta días después. Se cree que en esta isla, al hacer vitualla y aguada toda la flota reunida, el soldado Miguel de Cervantes bebió agua en mal estado contrayendo la infección que le dejó «enfermo y con calenturas» a bordo de «La Marquesa» de Doria. Don Juan estuvo en esta isla hasta el día de San Miguel, el 29 de septiembre, fecha de cumpleaños de nuestro Miguel de Cervantes. Todavía faltaban las naos y demás naves de suministro, lideradas por César Dávalos, que al contrario que las galeras, su fuerza motora dependía de los vientos, y se quedaron retrasadas por este motivo.Allí quedaron 4.000 soldados alemanes que no lucharon en la batalla por viajar en las naos.

corfu1

corfu2

corfu_map

GOMENIZA ( Igoumenitsa)

De Corfú pasaron al puerto de Gomeniza, en la costa de la actual Albania, llamado Le Gomenizze por los venecianos y Legumeniza por los españoles, y que si bien era «tierra de nadie» pertenecía a la Serenísima República. Arribaron el 30 de septiembre. Los días 1 y 2 de octubre anclados en la bahía, aprovecharon para hacer simulacros y zafarrancho de combate,ejercicios de tiro,etc. Hicieron revista general de galera a galera y se reunieron nuevamente en consejo. En Igoumenitsa, la tarde noche del día 2 de octubre ocurrió el famoso incidente que muchas crónicas, tanto españolas como italianas, prefirieron tapar por no deslustrar la relación de tan celebrada victoria. Efectivamente, en el momento de levar anclas, ocurrió una pelea entre los marineros de una galera veneciana y los soldados italianos de Don Juan. El capitán, Muzio de Cortona, de origen toscano de la familia de los Alticozzi, provocó junto a dos soldados, una riña en la galera «Uomo armato» de Andrea Calergi, un noble de Creta al servicio de Venecia, y pasaron de las palabras a las espadas, donde pronto corrió la sangre. Sebastiano Veniero, tan irascible como impaciente, acudió a apaciguar los ánimos, pero le pudo las viejas enemistades con los genoveses especialmente con Andrea Doria, y preso de la rabia mandó ahorcar ipso facto al capitán, haciéndolo colgar de la entena de la galera para escarnio de todos. Como jefe de la escuadra veneciana estaba en el derecho de poner orden, pero no estaba autorizado a ejecutar a un oficial de la Santa Liga. Don Juan, junto a Marcantonio Colonna, Álvaro de Bazán y Barbarigo acudieron rápidamente. Se estuvo a muy poco de romper allí mismo la Liga de no ser por el temple y buena mano de Don Juan y los altos mandos, que decidieron excluir a Veniero del consejo general de la Armada, sustituyéndole Agostino Barbarigo.

Antes de amanecer, el día 3 de octubre se echaron de nuevo a la mar llegando un día después a la gran isla de Cefalonia.

le_gomenizze_vedute_dalla_parte_di_sirocco_-_coronelli_vincenzo_-_1687

CEFALONIA

Isla veneciana desde principios del siglo XVI. En Samos estuvo la flota cristiana desde el día 4 de octubre reunida, mandando naves ligeras de exploración, pues se tenía noticias por unos pescadores que la armada Turca estaba por la zona, posiblemente en el puerto de Lepanto. Dada la estimación, no se tomó por seria. Los descubridores de la armada trajeron un bergantín procedente de Candía que les informó de la caída de Famagusta y del tormento del capitán veneciano Marcantonio Bragadino, que había sido desollado vivo por Mustafá, Bajá del Sultán, tras cortarle las orejas y la nariz. Se encendieron los ánimos de venganza de los venecianos al enterarse de tan desoladora noticia. Permanecieron hasta el día 5, donde una espesa niebla les impidió salir, pero después de bordear toda aquella zona del estrecho que separaba las islas del continente, decidieron continuar hasta las islas Curzolares o Equínadas. Llegaron a Petala (Petalas) el día 6.

cefalonia_nel_golfo_di_venetia_dedicata_-_coronelli_vincenzo_-_1688

PETALAS

En esta isla de las Equínadas, en la víspera de la batalla, se reunieron en consejo los españoles. Requesens, Comendador Mayor de Castilla, lugarteniente y sombra de Don Juan, mandado personalmente por Felipe II por ser la voz de la experiencia y sin duda protector de confianza de los intereses de España, y Andrea Doria optaron por quedarse en esta isla hasta que saliera la «armada turquesca». Bazán, más osado, aconsejó llegar hasta la entrada del Golfo de Lepanto, provocarles y plantarles cara. Si no salían del puerto, hacer grandísimo estruendo de cañones y arcabucería. Alejandro Farnesio apoyó la resolución de Bazán, ya que,de no producirse la batalla, al menos les daba cierta reputación. Don Juan, intrépido y deseoso, lo estaba también, pues ardía en deseos de pelear con el turco y obtener la victoria. De madrugada dejaron Petala y bordearon las islas Curzolares hasta hallarse en la misma boca del golfo de Patras. En el amanecer del día 7 de octubre,después de cruzar pegados a la isla de Oxia, junto a los islotes de Curzolari, se descubrieron ambas armadas. Después de la victoria, al atardecer, unos espesos nubarrones anunciaban tormenta. El mar teñido de sangre (dicen que ese día unos 250.000 litros cayeron al mar) y decenas de galeras incendiadas asemejando luminarias, sobrecogía a todos los que contemplaban el horror. A aquellos que lo habían vivido horas antes. Un horror y sufrimiento que se prolongó durante casi todo el día.Las densas y oscuras nubes , conquistando ya las montañas, parecían devorar de oscuridad aquel espectáculo espantoso y maravilloso a la vez. Mandó Don Juan que se volviera a Petalas para refugiarse de la inminente tormenta, pues es sabido de lo nefastas que son para las naves mediterráneas. Esa noche de truenos y relámpagos, de lluvia incesante, les pareció a todos que el altísimo les hablaba,  haciendo justicia. A otros les pareció un enfado del mismísimo Dios. Estando en Petala se hizo recuento de las galeras perdidas, de caídos en combate y se procedió a la curación provisional de heridos. Permanecieron varios días. Al día siguiente los oficiales comieron en la galera capitana de Andrea Doria, la que mejor estaba, de ahí la fama de este genovés, que no era otra que la de proteger demasiado su flota. Desde allí, el día 10 de octubre, a bordo de la destrozada galera La Real, escribió Don Juan a su hermano una carta dándole cuenta de la victoria que Dios fue servido de darles. El correo Angulo salió presto para Madrid ese mismo día…

petalas

petalas2
Petalas o Petala, refugio de la armada tras la victoria de Lepanto

batalla

escenario
Antiguo mapa del siglo XVI donde puede verse las islas Curzolari ó Equínadas en cuyos alrededores tuvo lugar la Batalla de Lepanto. De las pequeñas islas o escollos que estaban en 1571, solo queda Petalas (más al norte) pues las del sur fueron absorbidas por el continente en el lugar que se conocía como Punta Scropha y en cuyas aguas luchó Miguel de Cervantes, en el cuerno siniestro de la flota cristiana.
fdg
Mapa del recorrido de la armada de la Santa Liga entre septiembre y octubre de 1571, extraído del libro «Domingo de Zavala, la Guerra y la Hacienda» de Luis Mª Zavala.

Notas:

  1. *Lecorchelare en algunas relaciones españolas de la época.

Siguiente publicación: Rutas de Lepanto (Grecia) y (2) Santa Maura y Nafpaktos

Juan Cairos, 2016.

Don Juan de Austria en Mesina (según Van der Hamen)

domingodezavala0078im
Regreso de la Armada de la Santa Liga a Mesina, por Luca Cambiaso

 

Lorenzo Van der Hamen (Hammen) (1589 – 1664) fue un escritor y humanista español que además ejerció de sacerdote. Escribió la primera biografía conocida de Juan de Austria, referencia para todas las demás que posteriormente se hicieron y que por méritos propios entró en los archivos tanto españoles como italianos.

Describió con bastante detalle la llegada de Don Juan de Austria a Mesina el 24 de septiembre de 1571 y su regreso victorioso el 1 de noviembre de ese mismo año.Por ser casi contemporáneo y por lo interesante de su libro,ya que tuvo acceso a todas las fuentes de la época (de cuyos documentos algunos se perdieron para siempre) extraigo dos fragmentos de su libro tercero donde relata la entrada triunfal del héroe de Lepanto y la no menos espectacular de su vuelta a Mesina tras la victoria.

 

LLEGADA A MESSINA

 

Fue recibido con mucho contento por los generales del Pontifice, y venecianos que le esperaban con gran deseo y cuidado. Antes de saltar en tierra (a día 24) llamó Don Juan a consejo y les hizo un razonamiento breve, pero lleno de gravedad militar; díjoles en suma.

“Aunque el procurar el abono y satisfacción de mi honrosa elección  me pone en trabajo excesivo no por ello me excuso reconocido y obligado de dar gracias a la Santidad de Pío, y a la Excelentísima República de Venecia, por haber hecho de mi tan honrado juicio en edad poco madura, encomendándome gobierno de cosas tan importantes. Las doy infinitas, y quisiera se hubiera conocido antes este rendimiento, y el gusto que tengo de servir al Pontífice y a Venecia, mas no ha sido posible. Causaron mi tardanza gravísimas ocupaciones, y la conducción de la gente y municiones traídas de partes separadas y distintas, no lo que las sospechas y calumnias ha inventado. Porque el Rey mi señor no tiene tan en el deseo el bien suyo, como en el de la Excelentísima República, según yo mostraré poniéndome al efecto y suerte de la batalla con el enemigo común. Ochenta galeras traigo, veinte y dos naves y un mil infantes efectivos de las tres naciones, con grande cantidad de artillería, vitualla y toda suerte de máquinas de guerra y compañía de ilustres  personas, que por generosidad de ánimo y celo del bien de la cristiandad me sigue, dedicado el ánimo y obras a la gloria y a la fama.Mas nada de esto me anima tanto , y asegura un feliz suceso, como el ver es, en defensa de la religión y en amparo de una República que tantas victorias, tantos estados, y tantas glorias ha alcanzado con ligas. Si los sucesos fueron contrarios el verano pasado, en este podrá ser tan prósperos, que se recupere lo perdido ahora, y en la pasada edad de estado y nombre. Yo a lo menos lo he de procurar conseguir, no sé si podré, pero sé que si no lo alcanzo, por el amparo de la cristiandad, porque lo pide el Pontífice Pío, a quién se debe obedecer, como Vicario de Dios; por la defensa de Venecia; por venir en nombre del Rey mi Señor, y por mi mismo, perderé antes la vida”

Los generales a tan cortés proceder respondieron con los agradecimientos y honras que su persona, el negocio y el tiempo requería. Salió a tierra Don Juan al día siguiente (25 de septiembre). Hizo su entrada por la Porta Reale del puerto con suntuoso recibimiento de la ciudad que la solemnizó con ornamento de gran gasto, por arcos verdaderamente triunfales llenos de estatuas, historias, empresas, fábulas, hieroglíficos (jeroglíficos) letras y (e) inscripciones en versos italianos y latinos en loor del Papa, del Rey, de los Venecianos, de su Alteza, de su padre y abuelo; referiré uno, o dos y particularmente el de la Puerta Real (Porta Reale) los demás no porque no pretendo cansar.

Era éste cuadrado, y de veinte y cinco cannas de largo, cada rostro o fachada (medida de Italia), entraba la mitad en el mar. Los cuerpos de que se componían eran tres, del género Corinto, la parte mas bizarra y perfecta de toda la arquitectura, tres los arcos de cada frente, sobre que se elevaba toda aquella máquina, y ciento y veinte y ocho columnas las que dividía con igual simetría los nichos, repisas y compartimentos de las estatuas, emblemas, dísticos y inscripciones. Víase en la parte oriental, en el medio Don Juan armado con el ejército católico y a sus pies postrados, los Moriscos de Granada. En lo alto una cartela esta inscripción:

De esta Puerta por la vía maestra (o calle mayor) se fue a la Plaza del Duomo, y de ella a la de Palacio; donde a la entrada había otro Arco excelente y grave, también elevado sobre una planta cuadrada. En cada lienzo había dos Príncipes, O Héroes Grandes; Hércules, Theseo, Darío, Sesostro,  Alexandro Macedonio, Iason (Jasón), Pirro, y Antioco.

Estaban las calles vestidas de brocados y telas, las ventanas llenas de damas de hermosura y riqueza adornadas, la playa poblada de milicias, y ciudadanos. Fue de todos saludados con grandes deprecaciones, reverencia y amor y felicidad de este Príncipe. Y con Fiestas, música, contento público, y salva de los soldados, de las naves, galeras, y ciudad, pasó hasta el Alcázar*(1) acompañado de los señores y caballeros costosamente ataviados, y lucidos con libreas y criados, mostrando cada uno con emulación y competencia la grandeza de su Casa y excelencia de su nación. Llegó ya de noche con luminarias y fuegos que la hacía día claro. Por tierra y agua en ambos tiempos se descubrió la más admirable vista de cuantas el mundo ha gozado en muchos siglos, para la paz y guerra, llena de todas las comodidades que los elementos forma. Que tal suerte no es posible poderlo significar , ni lo permiten algunos que pretenden ser críticos por solo cuatro bachillerías mal colocadas. Píntese cada uno con los mejores colores que tuviere lo que sería ver el mar poblado de bajeles diversos en las hechuras, y en los colores de las flámulas, gallardetes, banderolas,  estandartes puestos en el bauprés, calcés, pena, osta, fanal, y vestidos y vestidos de los forzados: en la tierra tanto alemán hermoso, tanto italiano bizarro, tanto español brioso; la variedad de trajes y colores en plumas, vestidos, y bandas; la correspondencia  y armonía de los tiros, arcabuces y mosquetes, de los clarines, pífanos, chirimías, cornetas y trompetas; el deslumbrar las armas heridas del sol, el brillar del oro, plata y piedras preciosas con la claridad del día; el coronarle la ciudad, y los vasos de tantas luminarias, llenar la región del aire de tanta inmensidad y diferencias de fuegos artificiales, que por lo menos no se podrá prometer cosa de mayor gusto, ni me culpara de muy poético…

 

AL REGRESO VICTORIOSO

 

Se juntaron todas las galeras con La Real y el día de Todos Los Santos entró en el puerto, disparando la artillería de las galeras vencedoras. Iban éstas tremolando sus estandartes, flámulas, gallardetes y banderas, y remolcando por popa las vencidas, sus estandartes y banderas por el agua. A ver el triunfo con que entraba  la Armada salió la gente de la Ciudad, y llenaba la Marina. Don Juan salió a tierra con su milicia por un puente que para éste efecto  se hizo, y fue recibido a la Puerta Real del Arzobispo Monseñor Juan Retana, español. Clerecía y Magistrado , con gran aplauso, alegría y veneración, por lo admirable que tiene la virtud militar vencedora que parece algo de divinidad en los héroes. Entró debajo del Palio, con salva de los castillos de la Ciudad, de los bajeles y soldados, con música de excelentes voces, y muchos instrumentos. Así llegó cantando los Eclesiásticos  el himno Te Deum Laudamus, a la iglesia Mayor. Aquí con gran solemnidad se dijo el cántico Benedictus, acabado, dichas las oraciones que señala el Pontifical Romano( asistiendo con singular devoción Su Alteza) pasó al Alcázar y los demás a sus alojamientos.

 

Notas:

1* Alcázar. Cuando Van der Hamen escribió ésta biografía el Palazzo Reale de Messina estaba reconstruido ya como Alcázar, unas obras que diseñara Andrea Calamech poco antes de morir en 1589. En tiempos de la batalla de Lepanto, el Palazzo Reale seguía manteniendo la forma antigua de un castillo normando con seis torres (véase la publicación de este blog- Messina: Anno 1571)

lorenzo-van-der-hamen
Retrato de Van der Hamen, hacia 1620.

 

Historia de Juan de Austria- Libro III. Lorenzo Van der Hamen, 1627.

Juan Cairos, 2016.

La esfera celeste de Don Juan de Austria (1)

cielo-de-salamanca
El llamado «Cielo de Salamanca», uno de los posibles patrones y fuente de inspiración usado para la decoración del tendal de la galera de Don Juan de Austria.

«Las estrellas tienen tan grande  consideración en si mesmas, que son una entera sciencia que demuestra la Magestad Divina y que es vn Dios el que govierna el Vniverso»

Juan de Mal Lara, 1571.

En su periplo hacia el golfo de Lepanto, como un auténtico Jasón en su Argo, Don Juan de Austria, hijo de Carlos V y hermano de Felipe II (quién lo nombró como Capitán General de la Mar en 1568 y tres años más tarde y por unanimidad, como Jefe Supremo de la Armada de la Santa Liga, en mayo de 1571), desde su puesto en la carroza de popa de la galera más hermosa construida nunca para un alto mandatario, observó muchas veces el cielo nocturno que se suspendía sobre el mar mediterráneo, quedando maravillado por la belleza única de aquellas noches limpias y estrelladas.

Pero no sería el único cielo que vería Don Juan, ya que en su propia galera «La Real» dos pintores sevillanos, Antonio de Arfián y Luis de Valdivieso, mandados por el ilustre Juan de Mal Lara (Malara) quién sustituyó a El Bergamasco (fallecido en 1569), en el programa decorativo en Sevilla de la galera real, fueron los encargados de pintar el «Tendal» de popa de la galera con una esfera celeste y respectivo zodiaco con sus constelaciones, o dicho por el propio Mal Lara:» a Antonio Arfián e Luis de Valdivieso que pintasen y dorasen a pinzel un cielo de tafetán açul con figuras y rretratos celestes y aspectos en toda perfezión como se contiene en la escriptura».

Con semejante maravilla en la carroza de popa de la galera, y que hacía de techo o lona para proteger de las inclemencias del tiempo, el sol, etc.,no es de extrañar que Don Juan de Austria pensara realmente que su vida, o más propiamente su alma, estaba en manos del hado. Ya en su niñez descubrió cómo pasaba de ser un niño madrileño más de la época, a ser hijo del emperador más poderoso que había en el mundo en ese momento. Benjamín, que era nombre verdadero, nació para ser una marioneta del destino.

Felipe II dio instrucciones a sus cuidadores de que éste hermano suyo siguiera el ejercicio espiritual de la fe católica, pero pronto descubrió que no estaba hecho para el oficio religioso, pues mostró desde muy pequeño un interés muy vivo por el mundo de la guerra y las historias de caballeros. Este ímpetu le caracterizó de por vida y con apenas 22 años lideró la expedición que sofocó la rebelión de los Moriscos en las Alpujarras.

Después de la batalla de Lepanto adquirió un brillo inusual de grandeza por toda Europa. Un héroe al que los antiguos albaneses y griegos cristianos que habían aguantado la dominación Turco-Otomana querían como su legítimo rey. Pero el sueño de Don Juan, que era la pesadilla de Felipe II, era poder casarse en Inglaterra, convertirse en rey e instaurar de nuevo en la «pérfida Albión» el catolicismo. Como juguete del destino, sus astros jugaban a su favor en tantos y muy famosos logros militares, pero en lo personal, desde su nacimiento, su propia madre, su padre (al que dedicó la victoria de Lepanto, en unas palabras que dijo después de la cena que se celebró en la galera capitana de Juan Andrea Doria, justo al día siguiente de la batalla, aún con la camisa negra de suciedad y ensangrentada como afirmó un testigo), y su hermano, nunca le brindaron el afecto y el respeto que se merecía. Al llegar a Barcelona, antes de partir hacia Mesina haciendo escala en Nápoles para recoger el bastón de mando y el Estandarte de la Santa Liga ofrecido por el Cardenal Granvela en nombre del Papa Pío V, nuestro héroe de Lepanto, en un alarde de orgullo, pidió que se le tratara de Alteza cuando lo tenía expresamente prohibido su hermano el Rey. Sólo Vuestra Excelencia es a lo máximo a lo que podía aspirar.

Una vez acabada la jornada de Lepanto y disuelta la Santa Liga en 1573, Felipe II seguía queriendo a Don Juan lejos de España. Tanto fue así, que después de varios años de incursiones por el mediterráneo, acabó finalmente destinado a tomar las riendas de la ingobernable Flandes, donde tanto, el Duque de Alba, como don Luis de Requesens, Comendador de Castilla y combatiente de Lepanto, habían fracasado estrepitosamente. Fue allí, en Namur, actual Bélgica, donde acabó sus días Don Juan de Austria. Agobiado y paranoico por las injustas sospechas de su hermano. Un Felipe II al que su secretario Antonio Pérez envenenaba la mente con supuestos complots ideados por Don Juan y su secretario Juan de Escobedo, para derrocar al rey y hacerse con el trono de las Españas. Una paranoia finalmente justificada tras la extraña muerte de Juan de Escobedo en marzo de 1578. Fue en Namur donde finalmente enfermó y murió, dentro de un sucio palomar, el 1 de octubre de 1578. Al menos su corazón, después de que se ordenara el despiece de su cuerpo para poder traerlo a España, se quedó en la ciudad de Namur para siempre.

Injusto para un hombre que nunca supo cuál era su destino ni su puesto. Para un héroe al que compararon con su padre, Carlos V, y por el que la cristiandad europea, especialmente Pío V, rogaba para que llegara a lo más alto. Incluso emperador. Quiero pensar que Don Juan de Austria miró más de una vez con la ilusión de un niño, las esferas celestes intentando buscar en los astros un significado a su incierto destino.O arder y consumirse en la constelación de Ara. Nunca lo sabremos. Sí sabemos que se encomendó a la Virgen de Montserrat de Barcelona y prueba de ello es que envió uno de las fanales de la galera enemiga «La Sultana», como premio debido a su protección.

No hay oscuros abismos de incomunicación, sino un eterno y resplandeciente cielo dibujado de constelaciones.

esfer1
Fresco del siglo XVI con figuras semejantes a las que decoraban el lienzo del tendal que cubría la carroza de popa de la galera La Real

La esfera celeste, dividida en sus dos hemisferios, con todas sus constelaciones mayores y el zodiaco, pintadas con esmero sobre un fondo de tafetán azul, debió maravillar a más de uno. En un documento publicado por Calandria en su libro La Galera Real de Lepanto, dice que un 12 de marzo de 1571 se le paga a estos dos pintores 1.320 reales en un total de  2.420 como total del presupuesto que les llevaría pintar y decorar el lienzo que cubriría dicha carroza y que Mal Lara vuelve a recoger en su libro sobre el programa decorativo:

«…y los cielos dieron a ellas resplandor y luz para que fuesen halladas y vistas».

Juan Cairos, 2016.

carrozapopa
Carroza de popa de la galera La Real de Don Juan de Austria, réplica a escala real expuesta en el Museu Marítim de las Reales Atarazanas de Barcelona, donde hace más de 400 años se construyó la original de Lepanto. Sobre esta estructura iba el tendal de tafetán pintado que lo cubría por entero. 

El vetusto puerto de Lepanto

518601_61db974b02cd469fa8e56db3325c304a
Ilustración de Lepanto (circa 1543) basado en el viejo mapa de Matrakçı Nasuh, el matemático, geógrafo y cartógrafo turco de origen bosnio que trabajó al servicio de Solimán el Magnífico.

Al refugio del Golfo de Patras, en la zona de Etolia-Acarnania, se encuentra el puerto y municipio de Nafpaktos (Naupacto) más conocido como Lepanto, nombre dado por los venecianos a principios del siglo XV, y que fue escenario del encuentro entre dos armadas colosales cuando los dos imperios más poderosos de la tierra se enfrentaron por la hegemonía del Mare Nostrum. Estamos hablando por supuesto de la famosa Batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571.

No es la primera vez que se enfrentan dos armadas en estas aguas repletas de historia. Ya en la Batalla de Salamina el 480 a.c, un combate naval muy semejante al de Lepanto, por ser entre embarcaciones a remo (trirremes en ésta y galeras en aquella), lucharon persas contra griegos (atenienses y espartanos) siendo decisiva para frenar el imparable avance del imperio aqueménida. Pero si ésta impresionante naumaquia real, relativamente cerca de Lepanto, tiene semejanzas con la batalla que puso freno al avance turco en el siglo XVI, por cercanía y por compartir parte del escenario, sin duda la Batalla Naval de Actium (Accio) es la que más nos recuerda que ésta zona fue decisiva para la historia de Europa.

Efectivamente, frente al golfo de Ambracia, junto a Préveza (donde ya se vieron las caras el 28 de septiembre de 1538 otra liga muy similar a la de 1571, formada por españoles, venecianos, pontificios, malteses y genoveses contra el Imperio Turco de Solimán al mando del famoso Khair-ad-Din «Barbarroja» y que merece un capítulo aparte), se halla la isla de Léucade, conocida como Leucás o Lefkáda  y que en la Edad Media llevaba por nombre Santa Maura. Fue allí, el 18 de octubre de 1571, donde se hizo el reparto de galeras,cañones, esclavos, etc.una vez ganada la batalla de Lepanto. En las crónicas españolas se cita mucho el Puerto de Santa Maura, Cefalonia o Corfú, por ser refugios de la armada y lugar habitual de las vituallas*(1) siendo lugares muy disputados por turcos y venecianos.

El bello y acogedor municipio de Nafpaktos se presta a una fuente inagotable de inspiración, pues de allí bebieron los autores clásicos y modernos. En los preparativos de la jornada de la Liga Santa de 1571, celebrado en septiembre en Mesina, Italia, se acordó entrar al golfo y tomar el puerto de Lepanto, ocupado por los turcos, pero era harto peligroso por estar fuertemente amurallado y provisto de numerosos cañones. Se optó por provocar una salida de la armada turca a mar abierto, pero en el amanecer del día 7 de octubre, ambas escuadras se llevaron una sorpresa, pues se encontraron frente a frente en el mismo golfo.La batalla finalmente se produjo frente a la isla de Oxia, desde la llamada Punta o Cabo Scrofa hasta el sur de la misma, pero por ser el puerto de Lepanto el lugar escogido para la batalla, quiso la historia honrarle el mérito de llevar su nombre en «la más alta ocasión que vieron los siglos».

Don Miguel de Cervantes, que luchó en la galera Marquesa de Andrea Doria, en el ala izquierda de la flota cristiana (la que daba a tierra) fue testigo de la inagotable belleza de la cuna de la mitología, tan en boga en aquella época. En aquellas aguas pudo sentir don Miguel cómo las musas le llamaban a cambiar la espada por la pluma, tal vez…

Precisamente en la ciudad de Nafpaktos se erige una estatua suya, clamando al cielo, recitando su frase más recordada, inspirada por la causa de la que se sentía plenamente orgulloso: Haber formado parte (aunque humilde) de la victoria de la batalla naval más importante quizás de todos los tiempos.

de_wit_1680_navpaktos_b
Dibujo del puerto de Lepanto datado de mediados del siglo XVII

 

Fueron siglos de dominación turca, y aún pueden verse vestigios en sus viejas murallas, tanto venecianas como otomanas. Nafpaktos celebra llegado el mes de octubre el encuentro de dos civilizaciones, de dos imperios. Nadie mejor, ya que su historia se formó precisamente de ambos, y celebra la batalla por la concordia y la paz. Una ciudad y un puerto con tanta historia; postrera sepultura de los miles y miles de hombres que allí murieron y a los que se le había prometido la eternidad. Ramos de flores sobre el agua, despiertan con su perfume a los caídos en Lepanto, memoria viva de un pueblo. Y cuando anochece, continúan con un espectáculo tan bello y poético que sobrecoge por su significado. Un Cervantes eterno presencia la fiesta mientras su espíritu toma de nuevo la pluma escribiendo sobre las aguas del puerto, lienzo salpicado de estrellas, la Oda de la Batalla Naval. Nafpaktos no quiere olvidar su vínculo con la batalla, es más, quiere perpetuarlo para dejar constancia en las generaciones futuras. Las cientos de combates allí librados y las almas que reposan en el lecho de Neptuno, ya una música dormida sobre su instrumento, nos cuentan una parte de nuestra historia de la que no debemos sentir vergüenza ni rechazo, y que nos obliga a la reflexión profunda y sosegada, para entre todos sacar de sus vísceras el espíritu de la paz y la armonía. Lepanto carga con la batalla en sus espaldas, pero el tiempo le recompensa con el alivio de la belleza y tranquilidad de su puerto, sus casas, su gente; por la simpatía y defensa de su historia, que es la nuestra también. Merecido premio sin duda.

 

 

Juan Cairos, 2016.

 

Notas:

1.Conjunto de cosas necesarias para la comida de los ejércitos/ En el siglo XVI «hacer vitualla» era aprovisionarse de agua y comida y demás cosas necesarias para afrontar los viajes en galeras que por lo general duraban pocos días, de ahí la necesidad de hacer vitualla en los numerosos puertos que poblaron el mediterráneo.

lepanto1

El más antiguo mapa de Lepanto (Nafpaktos)que se conserva, obra del geógrafo y matemático turco Matrakçı Nasuh (circa 1543)

cervantes_lepanto
Estatua de Cervantes en el puerto de Nafpaktos